En Tacones

May 23, 2020

 

Cada vez entendemos que no volveremos a vivir como lo hacíamos antes de entrar en cuarentena. Esos tiempos en los que salíamos a restaurantes, centros comerciales, conciertos, fiestas, parques, teatros y un largo etcétera, volverán pero, distintos. A veces me pregunto si dejaremos de lavarnos las manos de manera frenética y paranóica. ¿Seremos recordados en la historia como la generación de la histeria? 

Mi preocupación se profundizó hace unos días cuando hablando con mi mamá me dijo: "yo me voy a quedar dos meses más guardada. No importa que digan que ya podemos salir. Es mejor quedarse en la casa". Por una parte comparto sus precauciones, pero por otra, es evidente que el miedo ha calado y volver a la calle, produce temor. Porque de hecho salir es lo extraordinario. Lo ordinario se volvió estar en casa. 

No sé ustedes, pero asigné un par de tennis exclusivos para el coronavirus. Es decir para salir a la calle. Tengo mi kit de guantes y tapabocas. Es una indumentaria especial. No sé por qué ahora en la histeria colectiva creemos que el medio ambiente está contagiado y que es tóxico. También escogí un par de jeans. Por supuesto, los más viejos. Y una camiseta. Así que cuando regreso de la calle, me quito la ropa en la lavadora y la lavo de inmediato. 

Ahora salir significa usar máscaras, guantes y ropa. O como decimos en Colombia, "mamelucos" que son los trajes de bio-seguridad que cubren desde el cuello hasta los tobillos. Yo me rehuso a usarlos, por más diseño que les pongan en las redes sociales. Salimos y no nos vemos, porque tenemos una barrera y por eso ni nos acercamos, ni interactuamos. Los otros, producen terror.

Es que ni nos maquillamos. Antes era al revés. Descansábamos del maquillaje en la casa. Hace una semana salí para hacer mercado y un par de diligencias en el banco (de las que no se hacen en la banca virtual). Dejé el carro en el edificio de mi mamá y me aventuré a caminar un recorrido (tenebroso) de tres cuadras. La gente iba igual que yo. Enfundada. Lo raro hoy en día en la calle, es el personaje que no usa tapabocas. Salí del mercado y me quedé atónita. Una mujer forrada en un vestido de piel de leopardo, tacones de puntilla y movía la cadera de un lado para el otro mientras cruzaba la calle y parecía no estar enterada de que hay una pandemia mundial. 

Llevaba tapabocas y tacones. Quedé aterrada. Desde ese día no dejo de pensarla. Es mi ídola. Sí terminado en "A", porque el vestido de imitación de leopardo, la hace digna de ser llamada así. Es que habernos resignado usar tennis es la gran derrota. Es la manifestación cultural de sentirnos en peligro, de que creer que estamos en guerra y que vamos a tener que salir corriendo de un momento para otro (con seguridad) para nuestras casas. Con la imagen provocadora de esa mujer, llegué a mi casa a empelotar mi dignidad al frente de la lavadora y con resignación, volver a lavar los jeans.

Quisiera ser optimista y decirles que vamos a salir adelante. Creo que así será, pero no tengo ni la menor idea de cuándo llegará el tiempo del post-coronavirus. Mientras tanto, saquemos los tacones así sea para ir a la cocina. Tan pronto le de click y publique este post, me pondré un vestido y unos tacones como si me fuera a ir de fiesta a bailar hasta el amanecer y lo publicaré en mi Instagram (@MAndreaNieto) y Facebook (MAndreaNieto) para que quede la constancia de la actitud positiva. Lo que queda claro es que por ahora el presente es lo único cierto. Así que a disfrutarlo con la guapura que cada uno tiene adentro y ¡afuera también!. Y si quieren salir en tacones o en tennis, está bien, cada cual camina al fin y al cabo la vida, como se sienta más cómodo, ¿o no?

 

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