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De recoger firmas y otras odiseas


(Mural hermoso en pleno Chapinero al que no le encontré el autor, ni la firma para el credito)

Desde el 11 de Febrero salí a recoger cincuenta mil firmas que me permitan presentarme como candidata a la Alcaldía de Bogotá. Tarea gruesa y que requiere de una enorme voluntad, automotivacion y disciplina. He estado tan ocupada, caminando los más de 1.700 kilómetros cuadrados de esta ciudad, que no he tenido tiempo para escribir acá en mi blog (y me hacía faaaaltaaaa). Me pasa que se me van acumulando las frases y palabras hasta que ya no me aguanto y por física necesidad me siento frente a la pantalla y empiezo a teclear. He denominado este tiempo de mi vida #PasoAPaso porque en realidad caminando y hablando con cada persona que encuentro en el camino es que logro cada firma. Creo que el secreto (para mantener el ánimo y la disciplina) está en la ganas. Cada día en me convenzo que esta empresa aunque es una locura, tiene todo el sentido. Los mismos políticos llevan gobernando por décadas a la ciudad y el país. Y no pasa nada en cuanto a la calidad de vida de la gente. Se reparten el poder y la plata y muy poco hacen por la gente. Muchos candidatos también recogen firmas, pero son políticos de profesión que deciden usar el mecanismo de las firmas para presentarse ahora sí como independientes pero llevan viviendo del estado prácticamente toda la vida. Y lo peor es que la gente les cree. Son lobos y con las firmas se convierten en ovejas...

Pero más allá de política quiero compartir mi experiencia de lo que ha significado salir a conversar con la gente en la calle y para eso les voy a contar las cinco clase de personas que he podido vislumbrar en estos casi dos meses de estar de esquina en esquina pidiendo que el ciudadano que me oye, me haga un favor.

1. Los amables: Este tipo de personas son entusiastas hasta en la forma de caminar. Puede estar lloviendo y llevan una sonrisa pintada en la boca. Cuando los abordo con un "hola cómo estás mucho gusto mi nombre es...", responden con amabilidad y me oyen con atención. Al final no es si firman o no, sino ese sentido de oír con atención, respeto y empatía lo que una desconocida como yo tiene para contarles y que agradezco tanto. Casi siempre, firman con optimismo y me desean suerte. Me preguntan cuántas firmas necesito y hacen caras de asombro frente al número desbordado que llevo y que me hacen falta, y aunque coinciden conmigo en que no estamos condenados a que "los mismos con las misas sigan gobernando", son optimistas y creen en un futuro mejor. Casi siempre me despiden con un "ojalá lo logre" y yo me quedo pensando un un "ojalá" también.

2. Los profesores de historia: Estas personas tienen la característica de prestar atención a mi mensaje de independencia política y renovación (pero de la de verdad, verdad). En concreto me demoro 25 segundos presentándome, hablando de mi experiencia y la razón por la cual quiero ser Alcaldesa de Bogotá. Por lo general guardan silencio...miran al cielo y con sus ojos me dejan ver que viene un clase de historia colombiana -"usted seguro no había nacido cuando Turbay Ayala", me dicen unos, -"este país de cafres se jodió porque los españoles" me dicen otros, -"el primer gran corrupto que tuvo Colombia fue..." y un largo etcétera que a veces termina en cuarenta minutos de exposición (unas veces con el "profesor" de buen genio, y otras tantas alterado) en alguna calle bogotana. Yo los atiendo con atención, pero también con preocupación porque no quiero ser grosera y dejarlos hablando solos...pero quiero seguir recogiendo más firmas.

3. El afanado: Van perturbados y no sé si tristes, pero tienen urgencia y cuando son abordados dicen "no gracias". En realidad soy yo la que debe dar las gracias, pero me pregunto qué será que lo que me agradecen. Si de repente logro captar algo de su atención me miran fijamente y repiten "NO, Gra-Cias" haciendo más énfasis en el NO que en el Gra-Cias.

y mi cara ante el NO es...

4. Las mujeres: Me encanta encontrarme con el gremio y conversar acerca de cómo le vendría de bien a Bogotá una visión femenina. Yo me siento feliz de ser ama de casa y mamá. He combinado mi vida profesional y visto crecer a mi hijo y comprendo la importancia que los niños crezcan al lado de mujeres y hombres que estén dispuestos a meterle el hombro a la vida. Hablar con mis congéneres en la calle me llena de energía, alegría y positivismo. Cuando las abordo les digo Chicas Super Poderosas y muchas sonríen porque saben que adentro las habita una mujer ¡hiper-mega-ultra fuerte!

5. Los guardias de seguridad: Este es un fenómeno que me ha llamado mucho la atención. Ante el abandono en la seguridad y la sensación que perciben los ciudadanos de una ciudad al garete, cada cual se las arregla para cuidarse. Las firmas por supuesto se recogen en la calle y si uno va a entrar a un recinto debe tramitar el correspondiente permiso, que a menos que uno tenga palanca se lo dan. No es mi caso. Yo tengo suficiente con pararme en las esquinas, pero el otro día viví una situación de realismo mágico. Se me acercó un guarda con su respectivo perro de seguridad un rottweiler que tenía bozal y me dijo: -"¿a usted quién le dio permiso de pararse aquí?". Vale la pena aclarar que "aquí" era plena calle 51 entre la carrera novena y la trece en Chapinero. Le contesté que estaba recogiendo firmas y que estaba conversando con los transeúntes. La explicación no fue suficiente y se comunicó con alguien a quien le dijo -"la unidad manifiesta que está recogiendo firmas". Me miró y me comunicó la respuesta que le habían dado al interior del edificio -"me informan que usted no tiene permiso de estar acá". Sorprendida le repliqué que estaba en un anden público, que no necesitaba permiso de nadie y que estaba realizando un ejercicio democrático. Frunció el ceño y volvió a comunicarse por el radio -"la unidad se molestó y dice que no se va a ir, va a tocar llamar a la policía". Cuando dijo "unidad" por segunda vez, le hablé con la voz del ciudadano No. 3 (descrito arriba) y le dije -"NO soy una unidad, soy una ciudadana, una persona". El señor se fue y yo me quedé pidiendo firmas. Al rato llegó una moto con dos policías, me miraron y los miré. Respiré profundo, faltaba más que ahora me lleven a la cárcel. Con el corazón acelerado seguí en mi labor. Al día siguiente volví a la misma calle y al mismo andén.

6. Los generosos: He visto gestos de generosidad absolutamente conmovedores. En Bogotá la gente sale a rebuscarse la vida. En Transmileno no caben las ventas ambulantes y las personas que piden algo para comer. Colombianos y venezolanos que cuentan sus historias de vida, buscando que alguien se apiade de ellos. Produce mucha tristeza ver familias enteras de venezolanos con sus hijitos de arriba para abajo en las estaciones de Transmilenio. Siempre hay alguien que cede la arepa que se está comiendo, el asiento para que el niño descanse, la botella de agua que va a la mitad. Incluso un día ví cómo un habitante de la calle le dio su almuerzo a una niña de 4 añitos que estaba buscando en la basura algo de comer. Me senté en un andén y me puse a llorar. La gente no busca comida en la basura solo en Caracas, Venezuela, también lo hace acá en nuestra ciudad. El contraste de la pobreza es la generosidad de la gente. Sean generosos.

Aquí voy, con entusiasmo y con muchas ganas. Convencida que en la política hay espacio para la gente nueva y para que una generación de personas como yo que consideramos que la ética no es una utopía para ejercer un cargo en la administración pública. A la gente le digo que a mí no me conoce nadie, ni Petro, ni Uribe y que el único que sí me conoce es Santos y no me quiere ni cinco (si quieres saber más por qué te recomiendo leer este link El Día que Ganó Goliat). Y la gente se ríe. Seguiré caminando por las calles de Bogotá. Tengo hasta el 27 de Julio y confío en que lograré la meta. Obvio que no tengo la infraestructura de la política tradicional repleta de dinero y de maquinaria. Esto que estamos haciendo es con las uñas y autenticidad. Tengo clarísimo que nos merecemos vivir con Bien-Estar y que esta ciudad tiene todo el potencial de convertirse de verdad, verdad en una metrópoli de clase mundial. Pero si elegimos a los mismos de siempre, las mismas monarquías locales y sus reyezuelos, pues no vamos para ninguna parte.

Si te gustó este post y crees como yo que los politiqueros están mandados a recoger, ayúdame a compartir con tus amigos, familiares y compañeros este mensaje. ¡¡Es posible hacer política con ética, transparencia y aunque no lo crean, sin plata!!

¡Gracias por leer! Si quieres ayudarme a recoger firmas puedes hacer click aquí