• Andrea Nieto

Etica para la Vida



La crisis ética en la que se encuentra Colombia es dramática. Los escándalos que se resumen en que la corrupción es selectiva y en cambio la justicia también, nos tienen ahogados en debates en el Congreso, videos que se usan para tapar escándalos y hacer otros más grandes, los unos que se señalan a los otros y la desconfianza se convirtió en el aura colectiva que reina en la opinión pública y que indignada asiste a diario a observar los escándalos de los políticos, empresarios, jueces y funcionarios públicos. ¿Pero y la gente del común y del corriente?, ¿cómo aportan a la crisis o cómo la pueden ayudar a contener?

Ir al origen siempre es una buena forma de encontrar respuestas y soluciones. Leyendo el hermoso libro de Etica para Amador de Fernando Savater, encontré una expresión impactante “hay que reconocer que ciertas personas tienen desde pequeñas mejor oído ético que otras, y un buen gusto moral espontáneo, pero este oído y ese buen gusto, pueden afirmarse y desarrollarse con la práctica”. Esto significa que si bien puede haber una predisposición para que unos tengan más “agudo” ese oído ético, esto no implica que no pueda ser desarrollado con una constante práctica a lo largo de la vida y con especial énfasis en la infancia, tiempo en el cual se adquieren las herramientas con las que uno se defiende en la vida. Algo así como que entre más se viva con ética, menos riesgos se toman que conduzcan a tener comportamientos que no estén de acuerdo con la tranquilidad que produce el actuar bien.

Sin embargo, para muchos la ética es sinónimo de somnífero.


Si se hace una búsqueda en Google usando la palabra “ética” en 0.40 segundos aparece 19.800.000 resultados, pero si se busca “corrupción” en los mismos 0.40 segundos el buscador arroja la posibilidad de acceder a 52.500.000 de resultados. Lo irónico es que son dos caras de una misma moneda, porque uno de los antídotos en contra de la corrupción, es la ética. De igual manera el mismo ejercicio se puede hacer en las librerías. La estantería que muestra los libros de ética es a penas un cuarto del total que se puede adquirir sobre su antagonista, la corrupción. Parecería que para el común de la gente es aburrido tratar de comprender por qué las personas se comportan de una manera o de otra y las razones que las llevaron a tomar ciertas decisiones que los ayudan a sentirse bien o mal consigo mismos.

Hace unos pocos días fui a hacer mercado. Pasé todos los artículos por la caja registradora, desempaqué el carrito del mercado, lo volví a llenar y llegué al parqueadero a cargar el baúl de mi carro. Cuando puse la última bolsa me dí cuenta que la tierra para mis gatos se había quedado en la parte inferior del carrito de mercado. Lo primero que pensé fue que me había sacado ese artículo que tiene un costo de unos US $ 15.00. Lo segundo, fue que no había sonado la alarma del supermercado y que nadie se había percatado de ese olvido. Estaba sola con la arena para gatos, el baúl abierto del carro y mi consciencia.


Esta fue más o menos la conversación que tuve conmigo "Mis Yo" que aparecieron en mi conciencia: Mi yo policía/jueza, mi yo Andrea y mi yo Traviesa:

La Policía: -“¡Qué tonta que has sido, te sacaste la arena sin pagar, te van a buscar para que pagues por eso!”.

Mi Yo Andrea: -“Bueno no es para tanto, no era mi intención, con tanta cosa que tenía pendiente de comprar se me pasó agacharme para sacar la arena”

La Traviesa: -“Lo bueno es que ya salimos del supermercado y nadie se percató de la arena, podríamos ahorrarnos US $15.00 y usarlos en otra cosa”.

La Policía: -“¿De qué estás hablando?”

La Traviesa: -“Pero no tiene nada de malo, es solo una arenita, nunca hacemos nada mal, siempre lo correcto, una vez en la vida que nos salga algo gratis”.


Y mientras "mis yo” conversaban, estaba paralizada, asustada, tentada y finalmente congestionada. Mi “Yo Sensata” pensó en mi hijo con esta pregunta: -“Y si acá estuviera el niño, qué te gustaría que él aprendiera?. La respuesta fue obvia y la sincronización de la conversación convergió a caminar con paso firme para devolverme a la caja registradora sintiéndome feliz conmigo misma.


Si bien hay varias facetas de nuestra personalidad, también es imperativo que cada persona desarrolle la capacidad de liderar y comandar las diferentes interpretaciones y posibilidades de actuar en las diversas circunstancias de la vida. Pero la habilidad del “buen actuar” se alcanza con la práctica y desde muy temprana edad. Se aprende en la familia, con el ejemplo que los padres o con el adulto cuidador del niño.

Así que podríamos pensar que si la ética se enseña, también se transmite de generación en generación. Un ejemplo de ello podría ser que hasta mediados del siglo XX se consideraba en el mundo occidental anti-ética la separación de un matrimonio. Una mujer separada era mal vista. Sin embargo, ya en entrando en la tercera década del siglo XXI el concepto de ser feliz en pareja prima sobre un mal matrimonio. Hasta hace muy poco tiempo, que un hombre golpeara a su pareja no era cuestionable. Hoy en día, es un comportamiento rechazado y anti-ético, en la medida en que hemos aprendido que no debe haber al interior de las familias violencia ni física, psicológica ni emocional.

Es entonces en las familias y en la crianza de los niños y educación de los adolescentes y jóvenes donde se deja instalado una especie de "aplicativo ético" con las herramientas que le permitirán al futuro adulto, vivir ética (o sin ella). Por esta razón es de suprema importancia identificar en qué parte del espectro de la ética (si se puede decir así) se encuentra uno como adulto y que podría transmitir a las nuevas generaciones como herencia positiva o negativa.


La ética se practica en el diario vivir. No es un tema que deba verse como cuestión de filósofos o antropólogos, sino como un activo personal y valioso que vale la pena cultivar, entendiendo que dependerá de las herencias en nuestras familias si tenemos el “oído” ético desarrollado, o si es deber construir una tendencia en nuestro interior por el “buen gusto” por lo ético.

Lo que esperaría es que en este punto se preguntaran y ¿cómo logro mayor ética?. Pues bien, la práctica sin duda hace al maestro, y ese será el tema de mi próximo post. Después de este taller práctico de ética llegué a mi casa con la arena para Arco Iris y Chimuelo!


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