Sin Geografía

February 27, 2020

 

Un gran maestro me repetía eso una y otra vez. Uno siempre está. No importan los kilómetros que se recorran. En uno no hay sures, ni nortes, occidentes u orientes. Todos nos cargamos a cuestas. Uno no tiene geografía, uno siempre está. Pero lo bonito de la vida, es aprender a encontrar la tranquilidad del alma a pesar de las circunstancias externas. Una tarea nada fácil. A veces se puede de a poquitos, y por raticos. Y creo que una herramienta magnífica para lograrlo es tener la capacidad de tener una conversación "yo con yo", de esas donde se admiten las verdades. Entrenarse en esa conciencia es un reto que produce bien-estar.

 

El resultado de este ejercicio cuando se hace con honestidad, es que la vida empieza a traer experiencias más armónicas y correspondientes con el proceso de crecimiento de cada cual. Hay por supuesto personas que creen que están perfectas, pero siguen estancados en el pantano de sus vidas y por ende repiten la misma experiencia una y otra vez. Hasta que por fin, un día, entienden (¿endendemos?) qué es lo que necesitamos aprender para salir de ahí. Y caminar por paisajes más bonitos.

 

La vida premia como las montañas, cuando uno se compromete a vivir mejor y sobre todo, con más coherencia, la recompensa llega. Subir y bajar montañas no es fácil y por eso el senderismo se parece a la vida. Se sufre pero se goza. Se necesita de mucha determinación para iniciar un camino, llegar a la meta y luego devolverse al punto de partida. Mi empeño en seguir descubriendo los caminos de Colombia, me está llevando por lugares mágicos, al lado de personas maravillosas. 

En esta oportunidad el objetivo eran Los Termales de La Cabaña, en la ladera del "papá" de todos los volcanes de Colombia, el león dormido: el gran Nevado del Ruiz. Yo que creo en las energías, que le doy gracias y le pido permiso a la tierra que piso, duré rogándole al Nevado en mis meditaciones que me dejara verlo. Nuestra estadía sería en el municipio de Murillo en el departamento del Tolima. Un pueblito de cinco mil habitantes, a tres mil metros sobre el nivel del mar, conocido como la ventana del Parque de los Nevados y que nos recibió con todas las nubes que la cordillera central colombiana pudo acumular para ese día, "¡Ay! qué pesar y estos días estuvo tan liiiiiiiindo", "si estuviera despejado, se vería el Nevado", "tan de malas", nos decían.

 

Y yo con mi impaciencia...

 

Es que no importa el lugar, ni el clima. Uno es lo que es y punto. Donde quiera que uno vaya, va uno y su contexto interno. El frio en Murillo se colaba por entre los huesos y para aclimatarnos y apaciguar la ansiedad hicimos una pequeña caminata hacia la cascada del Silencio, y atravesando el cementerio del pueblo, llegamos a esta hermosura.

 

Esperar y confiar me enseñó mi amado amigo George. No hay más. En la noche preparé a David para que en el hostal donde nos quedamos se pusiera lo más calientico posible. Y le repetí que la subida del día siguiente sería a más de cuatro mil metros, que nos quedaríamos sin aliento pero que ya habíamos entrenado nuestra mente para sentirnos fuertes y darle ánimo a nuestro cuerpo. El niño sonriente se durmió. Al día siguiente con entusiasmo el grupo inició el viaje hacia el Nevado. El alba llegó con las mismas nubes negras. Era un recorrido de una hora en un jeep 4x4. Entre la trocha, los abismos, el exceso de vacas (muy triste la expansión de la frontera agrícola que ha mermado el ecosistema) y el paisaje, el clima se fue calmando y de repente nuestro conductor gritó: "¡Ahí lo tienen, a esto vinieron!". Frenó y nos tiramos del carro.

 

Imponente, maestoso y poderoso. El guía nos contó que en la cosmogonía de una de las culturas indígenas que habitaba el territorio del Nevado antes de la llegada de los españoles, los Mineimas, decían que la Mineima, la gran ave sagrada, estaba sobrevolando por el universo pero cansada divisó una gran flor blanca y decidió descansar sobre ella. Era el Nevado. En agradecimiento derramó una lágrima y le dio vida al valle. Cuenta la leyenda que no podemos olvidar este origen y que cuando eso pasa, la deidad Usisuc, la anciana guardiana del fuego del volcán, se pone manos a la obra y nos recuerda su presencia. Así las comunidades de la montaña explican la tragedia de Armero. Quizá fue por un olvido. Y por eso se aseguran de rendirle honor a diario al gran volcán.

Con esta historia comenzamos a subir y en cada paso, mi felicidad era infinita. Me repetía una y otra vez, "no tengo geografía, no tengo geografía". Y así llegamos La Laguna Corazón.

 

 

Y desde ahí observamos las diferentes cascadas que caían del nevado. Los cuatro elementos se unen: el fuego, la tierra, el aire y el agua en una receta perfecta que le da vida a un ecosistema que hay que proteger. Y vimos las águilas guardianes que sobrevuelan el páramo y los frailejones erguidos que como un ejército, custodian la fábrica de agua que produce el líquido que nutre a las dos arterias de Colombia: el Cauca y el Magdalena. El niño y yo jadeamos sin quejarnos. La siguiente parada, fue la cascada de los Siete Colores. Y otra vez, se nos fue el aliento.

 

 

Son siete colores por el azufre que pinta al agua. 

 

 

El Gran Premio de la montaña serían las Termales de La Cabaña. Un destino aún desconocido. El lugar es alucinante y la calidez de la temperatura del agua, relaja el cuerpo cansado de todo el recorrido. Cuando vayan, les recomiendo que caminen primero y dejen las termales para el final. Tenemos tanto por progresar en Colombia para aprovechar con inteligencia las oportunidades del eco-turismo. Ese es nuestro petróleo. La biodiversidad es nuestra riqueza. 

 

 

Y ahora mientras termino de narrar este paseo traigo a mi mente las imágenes de las nubes, la lluvia, los tenues rayos de sol, el olor de la naturaleza y del azufre, las conversaciones sostenidas y los silencios compartidos.

Sí, uno no tiene geografía. O tal vez sí. Para ser feliz, no hay que ir lejos porque la salida no es hacia afuera, sino hacia adentro. Donde creo, está la verdadera geografía de uno.

 

Si te gustó déjame tus comentarios en la casilla blanca que aparece abajito y comparte esta historia con tus familiares y amigos. Queramos a Colombia, sintámonos orgullosos de esta patria tan bonita y recorrámosla con nuestros hijos. Les dejo más fotos en mis cuenta de Instagram @MAndreaNieto (para que me sigan).

 

 

Fotos y paseo con los mejores: @RoadTripColombia

 

Acá les dejo el video que hizo David del paseo, desde sus ojos, su comprensión y su geografía!!!

 

 

 

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